¡¡¡"Esto es la guerra..."!!!

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados. GROUCHO MARX

lunes, 21 de septiembre de 2009

Todos por un igual... de mal en peor sin distinción.

Y lo mas lamentable es que los nuevos que presumen de llegar a cambiar las cosas (C´s - UPyD), con la boca llena de Regeneración, de listas abiertas..., terminen como van... a la deriva, mas aguda que la de los veteranos.

Hoy en La Región de Orense:

Prohibido pensar (y decirlo)
Consuelo Sánchez-Vicente



Los partidos políticos le han cogido gusto a hacerse trampas en el solitario. Sus miembros se saben liderados por personas falibles investidas de un poder delegado del que deben rendir cuentas al grupo, no de un poder personal innato ni absoluto. Pero, salvo en privado, se comportan como súbditos. No como ciudadanos sino como lacayos. El último ejemplo ha sido el Comité Federal del PSOE del pasado sábado, tan ‘a la búlgara’ que resulta sonrojante, pero en otros momentos el sonrojo lo ha producido alguna de las convenciones ‘valencianas del PP’ o los fuegos de campamento de los partidos nacionalistas. Hoy como ayer, y si me apuran más aun que ayer (con Zapatero más aun que con Felipe, que ya hay que entrenar) el que se mueve no sale en la foto.
El poder de dar y quitar puestos, cargos y a veces auténticas regalías que corresponde a la elite dirigente encargada de elaborar las listas electorales de los partidos políticos: sobre la líder máximo ejerce en la práctica un indisimulado derecho de pernada, convierte a quien no debería ser más que un ‘primus inter pares’ en señor de vidas y haciendas políticas. El que se mueve no sale en la foto es la regla ante la que derecha e izquierda se inclinan como ante un dios sanguinario, sin excepción conocida. Quien se atreva a pensar por su cuenta, al ‘rinchi’.
¿Es bueno para los españoles? No. Ni para la democracia. Pero, es lo que hay, en mi opinión también con Zapatero. Los máximos dirigentes de los partidos políticos españoles (fuera no sé que ocurre) tienen tanto poder personal sobre las carreras (y las haciendas, claro) de sus compañeros, amigos y allegados, que mientras liderato partidario y presidencia del gobierno -local, autonómico o municipal- coinciden en la misma persona, como es lo habitual en nuestro país, pocos son los comilitones que se atreven, no ya a toserle sino a levantar los ojos del suelo a su paso. Cada vez menos, porque, cuanto más tiempo en el cargo, más larga es la cola de aduladores que le espantan al líder a los críticos como si fueran moscas. Como los suyos al Aznar de la segunda legislatura, la de la mayoría absoluta, sólo en privado se atreven ahora a criticar a Zapatero, cada vez menos socialistas. Es una forma de engañarse. Y de defraudar. El pensamiento crítico debería ser la norma y los que se cayeran de la foto, los ‘pelotas’. Pero, es al revés; hoy por hoy es la reverencia la que vence a la inteligencia; es lo que hay.

Persecución

Este comentario nos lo incluyo Esveritate en un articulo de hace unos días, que pasamos a difundir en solidaridad con él.
Visitad su Blog,

Esveritate dijo...

La democracia que proclama UPyD es esta.
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Estimado/a esveritate:
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Atentamente,El equipo de YouTube
16 de septiembre de 2009 18:21

domingo, 20 de septiembre de 2009

Diada-final



Articulo de Jose Maria Herrera de ayer, en el Imparcial.

http://www.elimparcial.es/nacional/la-traicion-de-cataluna-48076.html







La traición de Cataluña


Una creencia arraigada atribuye la hegemonía del partido socialista en España al respaldo andaluz y extremeño. Así se dice a menudo en debates radiofónicos y artículos periodísticos. Las fabulosas subvenciones que reciben estas comunidades serían, según esto, la compensación por una fidelidad perruna. No es verdad. Las únicas comunidades donde las diferencias entre las dos grandes fuerzas políticas estatales alcanzan niveles decisivos son Cataluña y, en mucha menor medida, el País Vasco. El electorado catalán ha condicionado el rumbo de la política nacional bastante más que el de otras regiones, y no sólo porque en esta comunidad los socialistas lleguen a veces a triplicar en escaños a los populares, sino porque la mitad de su censo apoya además a partidos nacionalistas que suelen pactar luego con la lista más votada.
El predominio de Cataluña en la política española de los últimos treinta años es un fenómeno sorprendente. Primero porque nunca ha sido reconocido abiertamente, más bien al contrario, ha dado la impresión de que Cataluña soportaba las mayores cargas en beneficio general, y segundo, porque el funcionamiento de las instituciones estatales ha dependido todo el tiempo del respaldo de sus fuerzas políticas, unas fuerzas que, a pesar de sus actitudes prudentes, soñaban como hoy sabemos con su demolición. La máscara ha tardado en caer, pero al final lo ha hecho. “Barcelona es la capital de una nación —ha dicho el presidente del club de fútbol Barcelona-, Madrid un centro administrativo”. El error de los españoles ha sido pensar que el problema estaba donde los muertos, y no en el catalanismo, movimiento que parecía determinado a alcanzar sus objetivos dentro del marco constitucional, aunque codiciaba en realidad otra cosa. Los catalanes saben bien lo que dicen: efectivamente España nunca se ha molestado en entender a Cataluña.
Yo ignoro qué significa ser catalán, sentirse catalán, pero diría que es una suerte de orgullo estético, un sentimiento nacido, en parte, por contraste con lo español, quizás demasiado tosco para su gusto, y en parte por identificación con los valores de aquella burguesía sofisticada, amante de la ópera y los bellos edificios modernistas, de la época de Gaudí, la época dorada de Cataluña. Esa burguesía a la vienesa (tierra del archiduque que no reinó), elegante y despolitizada a causa de su lejanía del poder, ha dado el tono general del catalanismo, si no fue directamente su causa. Los viejos marxistas pensaban que el nacionalismo prosperó en zonas industrializadas impulsado precisamente por una clase que, extendiendo la creencia en que el origen de sus males estaba fuera, pretendía impedir que afloraran sus propias contradicciones internas. Tal vez fuera así. No lo sé. Mi sospecha, en todo caso, es que el catalanismo tiene mucho de narcisismo, tanto en lo singular —es llamativa la falta de naturalidad de los catalanes-, como en lo colectivo —el narcisismo es un instrumento político de primera magnitud que fortalece la conciencia de grupo y lleva a sus miembros a sentirse, por decirlo así, en una permanente situación lírica.
La sublimación dramática de una identidad que es, a la vez, realidad dolorosa e ideal ha resultado políticamente más rentable en nuestro tiempo que todas las razones históricas o ideológicas. No hay nada como ser una víctima para cargarse de derechos. Ser una víctima significa no haber podido ser lo que se es. Para los catalanistas esto es lo que le pasó a Cataluña al quedar truncada como posibilidad histórica cuando apareció España. La idea de que Aragón y Castilla consumaran sus propios destinos particulares en el instante de la unificación les parece absurda. Desde su perspectiva, España es un simple matrimonio de conveniencia que puede deshacerse en cualquier momento, con o sin acuerdo de las partes. Tampoco les inquieta que se diga que esas partes dejaron hace mucho de existir, pues aunque España ha tratado de robar el alma catalana reduciéndola a un fantasma sin sustancia —durante la dictadura franquista, por ejemplo- nunca lo ha conseguido. Por si fuera poco con lo anterior, también el espíritu de los tiempos está de su parte, ya que si el hombre no es ni naturaleza ni historia, sino sólo voluntad, como hoy parece que se cree, basta con la voluntad de los catalanes para que España resulte ser una estructura caduca, destinada a desaparecer en su forma actual.
Yo no sabría decir cuál debe ser el destino de Cataluña, pero tengo cierta idea de cuál no debería ser en ningún caso el destino de España. Por eso he titulado este artículo como lo he hecho. A costa del Estatut, el catalanismo está poniendo en grave peligro la democracia constitucional española, tan trabajosamente conseguida. La duda que surge ahora es si esto es lo que ha hecho siempre, incluso en los momentos en que favorecía la gobernabilidad del Estado a cambio de concesiones siempre insatisfactorias, y si habrá incluso que atribuir también el deterioro de nuestra democracia a la perversa influencia de unos políticos y un electorado que han aspirado subrepticiamente a la destrucción del marco estatal.
El único que pareció comprender el problema en toda su magnitud, quizá porque hablaba catalán en la intimidad, fue Aznar, el denostado Aznar. Su estrategia, fortalecer la idea nacional robusteciendo la posición internacional de España, era muy buena, pero salió mal, más aún, resultó un verdadero desastre, ya que facilitó de rebote el acceso al poder del peor de los gobiernos posibles en las actuales circunstancias: el gobierno de la mala conciencia.
Nuestro gobierno, como es sabido, carece de proyecto político. Esto no es bueno ni malo. La falta de perspectivas es consecuencia de la falta de expectativas, algo que en la actualidad forma parte de un cierto estilo de vida. A mucha gente no le interesa para nada el futuro, vive a corto plazo y quiere que se gobierne así. Por eso encontraron una buena opción en Zapatero. Estoy seguro de que no habría sido muy distinto si el elegido hubiera sido Rajoy. El problema es que Zapatero no es sólo corto de miras, sino también progresista. El progresismo, una vez olvidado el sermón utopista, ha quedado reducido a la permanente comparación entre lo que somos y tenemos y lo que fuimos y teníamos. Su hilo conductor es la liquidación de cuentas con el pretérito. Avanzamos, sí, aunque sólo mirando hacia atrás. La memoria histórica es el símbolo, un símbolo sumamente significativo para los nacionalistas, pues por la puerta de la mala conciencia termina colándose todo.
El catalanismo ha aprovechado la desorientación del gobierno central para dar el paso decisivo. No se conforma ya con seguir siendo una víctima —sería preferible decir, representando el papel, pues las auténticas victimas tienden a ser pudorosas- sino que ha salido del armario para reclamar lo que le corresponde y más. Repitamos las palabras de Laporta: “Barcelona es la capital de una nación, Madrid un centro administrativo”. Se trata de algo más que una mera declaración: la constatación de que esta gente pretende hacer con la España constitucional lo mismo que intentó Franco con Cataluña: privarla de sustancia, convertirla en una realidad ilusoria. Con una unanimidad sin precedentes, los políticos catalanes, al igual que su principal representante futbolístico, se apresuran a proclamar ahora en todas partes que si la decisión del Tribunal Constitucional sobre su estatuto no es la que ellos desean, éste habrá tomado claramente partido contra Cataluña y no se sentirán por tanto obligados a acatarla. El futuro de la España constitucional, no la sustancia histórica de Cataluña, es lo que al parecer esta ahora en juego.
El rechazo de la capacidad de arbitraje de una institución a la que concierne nada más y nada menos que la salvaguarda de la fortaleza y cohesión del Estado, favorecida sin duda por los sucios tejemanejes de los grandes partidos nacionales, constituye en mi opinión el acto político más grave de la historia de nuestra democracia constitucional, una traición en toda regla. Por esta vía, allanada sin duda por la falta de miras de los dos grandes partidos nacionales, la mezquina política de compromisos en que sustentan su poder y la mediocridad de sus dirigentes —una de las secuelas del encanallamiento de la política- estamos condenados a acabar en la peor de las situaciones posibles, un callejón sin salida que evoca aquí y allí los peores recuerdos.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Diada IV

Los catalanes que intentamos mantener la dignidad y la honradez intelectual, los que creemos que la nación es un conjunto de leyes que nos iguala a todos en derechos y deberes, los que no estamos dispuestos a inventarnos el pasado, también conmemoramos el 11 de septiembre. Pero por distintos motivos.

Conmemoramos que el 11 de septiembre de 1714:
Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España para defender la libertad de todos los españoles.
No hubo enfrentamiento entre regiones.
No hubo el menor asomo de cantonalismo, ni intento de segregación de ningún género.
Ningún ejército español (o castellano) tomó Barcelona.
Los vencedores no intentaron destruir una supuesta “identidad nacional catalana”.
No se prohibió la lengua catalana.
No despertó la menor reacción “nacional” catalana como respuesta a una inexistente agresión españolista.
Supuso el fin de una estructura estatal arcaica y el inicio del despegue económico de Cataluña.
No convirtió en mártir a nadie.

Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España

Los habitantes de algunas ciudades catalanas se levantaron en armas contra una oligarquía comercial barcelonesa que imponía sus intereses y en nombre de la libertad de España y de todos los españoles. Ferrán Soldevila, historiador nacionalista catalán:
“Hasta el último momento de la lucha los objetivos habían sido los que se hacían constar en el documento dirigido al pueblo: salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España” (F. Soldevila, Moments crucials de la Història de Catalunya).
¿Por qué los nacionalistas de hoy han tergiversado los hechos que los nacionalistas de ayer reconocían como ciertos? ¿Por qué historiadores radicalmente nacionalistas como Soldevila coinciden en su explicación de los hechos de 1714 con historiadores no nacionalistas, mientras hoy difieren totalmente e inventan unos hechos que no sucedieron?

No hubo enfrentamiento entre regiones

Al revés de lo que inventan hoy los nacionalistas, la guerra de Secesión no supuso el enfrentamiento entre Cataluña- Austria y España (o Castilla)-Francia. Ciudades y comarcas pertenecientes al antiguo reino de Aragón como Castellón, Alicante, el valle de Arán, el interior de las provincias de Barcelona y Valencia, Calatayud o Tarazona, fueron partidarias de Felipe V, el rey Borbón. Y lugares como Madrid, Alcalá o Toledo se declararon fieles al aspirante austriaco, el archiduque Carlos. El enfrentamiento interterritorial de 1714 es otra patraña más inventada por el nacionalismo para negar el carácter de guerra civil que tuvo aquella sucesión al trono.

Los vencedores no destruyeron la identidad nacional de nadie

El fin del arcaico sistema foral que había estado vigente hasta 1714 fue abolido sin que en tal medida existiera la menor voluntad de acabar con una “identidad nacional” que solo se inventaría doscientos años después con personajes como Prat de la Riba. Es otra muestra más de supina ignorancia histórica, cuando no de mala fe y de manipulación, sostener que semejantes argumentos podían encajar en la mentalidad y las estructuras políticas y jurídicas del siglo XVIII.

Felipe V juró en 1702 fidelidad a las leyes de Cataluña, cosa que no siempre habían hecho sus predecesores. Pero los sublevados de 1714 cometieron un delito de lesa majestad. Habían traicionado su juramento de fidelidad y eran culpables del peor de los pecados políticos de la época. No hay aquí relación jurídica entre estados (solo existía uno) sino una traición a la lealtad debida expresada a través de compromisos personales y colectivos con la dinastía. De modo que los privilegios de las zonas derrotadas fueron abolidos como castigo a la traición dinástica, en modo alguno como procedimiento para destruir una nación que no existía.


martes, 15 de septiembre de 2009

Diada III : Mas verdades



2ª PARTE de "La verdad sobre el 11-Sept-1714"

11 de septiembre de 1714: ¿sabías que…?
1) El 11 de septiembre se conmemora la rendición de la ciudad de Barcelona en 1714 a las tropas borbónicas, en una de las acciones bélicas de la Guerra de Sucesión Española. La guerra no fue de secesión, como los nacionalistas venden, sino de sucesión. En dicho guerra dos pretendientes se jugaban el acceso al trono de la Corona de España tras la muerte sin descendencia del Rey de España Carlos II: por un lado Felipe D’Anjou, francés, y por otro el Archiduque Carlos de Habsburgo, austriaco, en lo que fue una auténtica guerra europea. Es decir, ésta fue una guerra civil española entre partidarios de dos pretendientes a suceder en la corona de España a un rey muerto sin descendencia.
2) Felipe V reinó sin oposición interna entre 1700 y 1705. Tras ser coronado, se desplazó a Barcelona donde residió 6 meses, jurando el 4 de octubre de 1701 sus leyes y constituciones, otorgando nuevos privilegios a las instituciones catalanas, los más generosos en 100 años.
3) Fueron Antoni Peguera y Domènec Parera, en representación de la Diputación de Barcelona, quienes rompieron los pactos institucionales unilateralmente y declararon la guerra. Los gobernantes catalanes pactaron en secreto con Inglaterra declarando la guerra a Felipe D’Anjou, dejando entrar tropas extranjeras en el Principado y anulando los pactos constitucionales. En el pacto de Génova, según el cual Cataluña entraba en guerra junto a los aliados, se indica hasta en ocho ocasiones que el objetivo es que Carlos III de Austria se convierta en rey de TODOS los dominios que entonces conformaban España.
4) La facción en Cataluña favorable al pretendiente Carlos no partió de una rebelión espontánea ni popular. En realidad, expresaba los intereses políticos de la clase dirigente barcelonesa que quería potenciar su presencia comercial en América, de tal forma que sus privilegios forales no estaban en juego, ya que el pretendiente Borbón en ningún momento los cuestionó.
5) Los seguidores de Carlos de Habsburgo en Cataluña defendían la unidad de España. Trataban de imponer su candidato al conjunto de todo el país recelosos de la influencia francesa; lejos, pues, de cualquier aspiración secesionista o desmembradora. Los soldados que fueron derrotados el 11 de septiembre de 1714 frente a las tropas de Felipe V estaban mandados por el general Antonio de Villarroel, que en su última arenga les recordó: “estáis luchando por nosotros y por toda la nación española”.
6) El denominado decreto de Nueva Planta, llamada en realidad Cédula Real de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña, organizaba las instituciones judiciales en Cataluña, respetando las Constituciones y prácticas previas, estableciendo que los letrados fuesen expertos en legislación y lengua catalana. Fijaba el castellano meramente como lengua jurídica y eliminaba los privilegios por nacimiento en un territorio determinado.
7) El final de la guerra supuso el final de tres siglos de decadencia de Cataluña y el inicio de su resurgimiento económico. El siglo XVIII, lejos de ser un periodo de declive en Cataluña, resultó ser una etapa de particular esplendor y auge demográfico, agrícola, comercial e industrial, beneficiado por el proteccionismo de la Corona.
8) Rafael Casanova El día del asalto final de las tropas borbónicas, Casanova estaba durmiendo y tras ser avisado se presentó en la muralla con el estandarte de Santa Eulalia para dar ánimos a los defensores. Herido de poca gravedad por una bala en el muslo. Casanova fue trasladado al colegio de la Merced donde se le practicó una primera cura. Tras caer la ciudad en manos de las fuerzas borbónicas, quemó los archivos, se hizo pasar por muerto y delegó la rendición en otro consejero. Huyó de la ciudad disfrazado de fraile y se escondió en una finca de su hijo en Sant Boi de Llobregat. En 1719 fue amnistiado y volvió a ejercer como abogado hasta retirarse en 1737. Murió en Sant Boi de Llobregat en el año 1743. Treinta y dos años después de la rendición de Barcelona. Un verdadero “héroe”no fue un mártir.
El Pais.com : Foro de debate Ágora Socialista

lunes, 14 de septiembre de 2009

En Cataluña-Diada II : El que faltaba...



Eramos pocos y parió la abuela... Este pajaro que ya andaba lanzado desde hace tiempo, ahora se ha desmelenado totalmente y ya va a tumba abierta hacia su preparación de desembarco en la formación mas radical que le acoja en su seno, una vez que le den, en su momento, la espalda sus socios del club.
Sin vergüenza alguna y catapultado desde su posición deportiva, aprovecha esta circunstancia para avalar y pregonar su ideología, apoyandose en el ardor y euforia de los exitos de sus "mercenarios futboleros" procedentes de todos los rincones españoles y planetarios... ligando victorias del balon y arrastre de masas a exitos politicos catalanes... Esperemos que sus seguidores forofos tengan bastante mas sentido y racionalidad que este "cara"...
el presidente del Barcelona se manifestó pidiendo un estado propio para Cataluña
Joan Laporta muestra su cara mas independentista
Por la mañana realizo la ofrenda foral a Rafael Casanova. Luego fue a otro acto en la Ciudadela, y por la tarde se manifestó bajo el lema: "QUEREMOS UN ESTADO PROPIO"

domingo, 13 de septiembre de 2009

Asuntos de Cataluña : DIADA.1



Que todos sabemos que la movida nacionalista que nos circunda procede de "antes de ayer" (s. XIX, principios del XX), es ya habitualmente conocido, pero los detalles en los infundios en los que se basa, bastante menos.


La verdadera historia
del 11 de septiembre de 1714
PRIMERA PARTE
Alrededor del 11-S, los nacionalistas han construido una gran mentira, un mito. Muchas personas no celebramos la Diada ya que no queremos ayudar con nuestra participación a perpetuar una vulgar mentira.
La construcción de una gran mentira.
Desde 1980 cada 11 de septiembre se celebra la Diada de Cataluña. Con ella se conmemora y recuerda la rendición de Barcelona a las tropas borbónicas al mando del Duque de Berwick durante el transcurso de la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714. Pero ya antes, a finales del siglo XIX, esta fecha era conmemorada por un incipiente nacionalismo político catalán que le daba una lectura alejada de la realidad histórica, utilizándola para justificar su proyecto político. Así, de lo histórico pasaron a lo místico, y de la realidad a la ficción. Una de sus liturgias rituales fue realizar una ofrenda floral conmemorativa al conseller en cap Rafael Casanova, presentándolo como mártir de la caída de Barcelona cuando en realidad había muerto veintinueve años más tarde (en 1743) en su domicilio en Sant Boi tras recibir el perdón real. Esta manipulación la historia se ha prolongado hasta nuestros días convirtiéndose en una descarada mentira al servicio de la “construcción nacional”.
Por ello en muchas personas no celebramos la Diada ya que no queremos ayudar con nuestra participación a perpetuar una vulgar mentira. La manipulación que han llevado a cabo los independentistas del significado histórico del 11 de septiembre de 1714 convierte la conmemoración de este día en la diada nacionalista de Cataluña y no en
la fiesta cívica de todos los ciudadanos catalanes.
La elección del 11 de septiembre como la fiesta “nacional” de Cataluña fue una muestra más del carácter beligerante y naíf del nacionalismo catalán. Escoger el día de la derrota de una supuesta Catalunya independiente significa que no se acepta el fin de las hostilidades, que la lucha continua y continuará hasta que esta imaginaria Cataluña vuelva a renacer de sus cenizas. Para ellos, la guerra sólo acabará con la derrota de esos descendientes políticos de los soldados borbónicos que asediaron Barcelona en 1714. Celebrar el 11-S sólo tiene una lectura: aquello se cerró en falso, la partida no ha terminado.

Irónicamente fueron las autoridades catalanas las que traicionaron los pactos firmados con Felipe V, aliándose con una potencia enemiga, Inglaterra, trayendo la Guerra y la destrucción a Cataluña. Una oligarquía arrogante, provinciana, ambiciosa e ignorante entró en guerra jugándose lo que más preciaban, sus constituciones, por supuestas ventajas comerciales y territoriales. Entraron en guerra sin ejército, dejando que fueran los aliados quienes pusieran la carne de cañón, y los catalanes su hacienda y su honra. Cataluña fue saqueada por ejércitos de media Europa durante 10 años porque sus políticos decidieron convertirla en un campo de batalla con la esperanza de recoger las migajas de la victoria que los aliados quisieran arrojarles. El resultado fue el 11 de septiembre, el acto final de la locura de una clase política que empujó a su pueblo a sucumbir en una carnicería que acabó con la vida de 16.000 personas entre los dos bandos con la falsa esperanza de la victoria imposible que enmendaría su error.
¿Ese tremendo error ha de ser el día de fiesta de los catalanes?

La mayoría de los catalanes no se sienten identificados con esa celebración nacionalista
y decide celebrarlo disfrutando de los últimos días del verano. Sin embargo, en muchas personas creemos que esta pasividad da alas a las ambiciones y manipulaciones nacionalistas. Su mentira no puede convertirse en verdad solo por ser repetida por los iluminados habituales abrigados al amparo de la indiferencia y el hastío que provoca en la ciudadanía esta celebración. No aceptamos que la manipulación nacionalista del pasado deba ser jaleada y apoyada por una ciudadanía democrática y libre.

Digámoslo en voz alta: las reiteradas querellas del pasado sólo sirven a quienes las utilizan como coartada para reclamar beneficios políticos en el presente, desviando la atención de los problemas reales de los ciudadanos. Para los nacionalistas, la historia sirve únicamente como instrumento político de adoctrinamiento y manipulación. Más ahora que se ha aprobado la nueva Ley de Educación de Cataluña.

viernes, 11 de septiembre de 2009

ROGUEZ. "Z" : El gran funambulista


"El gran funambulista"
Rodríguez Zapatero ya no es, en términos políticos, el presidente del Gobierno, sino un funambulista que hace equilibrios en un cable flojo sobre los abismos de la crisis y sobre lo que empieza a ser el resquebrajamiento electoral del PSOE. La única razón por la que no se cae y se parte los huesos es porque la rígida y pobre oposición de Rajoy le sirve de barra de equilibrio. Y mucho me temo que esta desfeita ya no tiene solución, porque, lejos de estarse jugando ahora mismo, la partida ya se perdió el día que Zapatero tuvo que escoger entre Solbes y Sebastián y, sin que nadie sepa por qué, escogió al segundo.
La pobreza y la desorientación del actual equipo económico, dirigido por Elena Salgado, es de dimensiones cósmicas, y la credibilidad del Gobierno a la hora de establecer diagnósticos y previsiones sobre las causas y el desarrollo de la crisis roza ya el cero absoluto. No vieron venir la crisis, no supieron definir su naturaleza ni medir su gravedad, y tampoco acertaron el pronóstico de su duración. Y por eso se embarcaron -o nos embarcaron a todos- en una carrera de medidas demagógicas y estériles que dejaron exhaustas las arcas del Estado y comprometen seriamente la recuperación económica. Por eso suena a patético todo lo que dicen, y por eso no se le puede echar una mano ni siquiera cuando hablan, sensatamente, sobre ciertas correcciones al alza de la presión fiscal.
Pero las desgracias no acaban aquí. Porque si malo es el equipo económico, peor es aún la línea política. También en este punto Rodríguez Zapatero tuvo que escoger, al límite, entre Pérez Rubalcaba -la cabeza mejor amueblada y la retórica más acerada y rigurosa del socialismo español- y la señora De la Vega, que, a pesar de ser mujer, protagoniza el discurso más ramplón, repetitivo y estéril de la política española. Y por eso resulta imposible reactivar la imagen de un presidente que, una vez agotado su exagerado recurso a las políticas de igualdad y de género, no da muestras de poseer una sola idea que alimente la regeneración política y económica que tanto necesitamos.
La comparecencia de ayer en el Congreso, criticada por todos y bien aprovechada por la oposición, nos deja la sensación de estar -en lo económico y en lo político- a merced de los vientos. Y todo apunta a que la inminente presidencia de la Unión Europea, de la que tanto fían los estrategas del PSOE, solo va a servir para un fatuo ejercicio de liderazgo internacional que, sobre el hecho de ser inútil, amenaza con cosechar más ridículos que éxitos. Porque no puede haber buena travesía para quien no sabe adónde va. Ni nada cabe esperar de una tripulación en la que figuran como oficiales De la Vega, Salgado, Sebastián y Chaves.
La Voz de Galicia, hoy.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA DEMOCRACIA EN LOS PARTIDOS

Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco
29-3-2006 09:03:06
A Rosa Díez... El sistema democrático funciona mejor o peor gracias al sistema constitucional de equilibrio de poderes y contrapoderes, y sobre todo por la concurrencia de partidos rivales que compiten entre sí, obligando al otro a moderarse y a tratar de sintonizar con la ciudadanía que le vota...LA democracia de los partidos políticos no es un asunto interno, sino un problema que afecta e interesa al conjunto de la sociedad. La reciente defenestración de Rosa Díez de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo, perpetrada por la dirección de su partido con modos y argumentos incoherentes con los requisitos democráticos y el sentido común, acaba de actualizar ese problema, pero conviene aclarar que el PSOE no es, de ningún modo, el único partido sorprendido en semejantes tejemanejes autoritarios. Lo cierto es que son la norma, porque las deficiencias democráticas de los partidos no son de derechas ni de izquierdas: tienen poco que ver con la ideología fundadora y mucho con el modelo de organización y gestión del poder.Los partidos están estructurados de modo que un pequeño aparato de dirección, organizado en círculos concéntricos de poderío decreciente y dependencia creciente del aparato central, gobierne sin oposición sobre un gran número de afiliados y administre, también sin oposición, un número todavía mayor de votos considerados como simples cheques en blanco extendidos a un portador al que no es posible pedirle cuentas hasta las siguientes elecciones. Por eso Popper definió la democracia como ese sistema donde todo se reduce a votar un cambio de gobierno cada cierto tiempo, y sin ninguna garantía de que el nuevo vaya a mejorar la trayectoria del precedente.La gran paradoja es que el sistema constitucional que los partidos están llamados a legislar y gobernar tiene exigencias democráticas que aquéllos no admiten en su seno.Las constituciones democráticas instituyen un sistema de contrapesos entre los distintos poderes que tiene la misión de frenar, compensar o corregir la tendencia a concentrar la decisión en un número muy reducido de personas, con el consiguiente incremento del abuso, la arbitrariedad y la corrupción. En realidad, un sistema democrático no es aquel donde la corrupción o los abusos sean imposibles, como piensan los afectados por el síndrome de Peter Pan, sino un sistema que permite perseguir y depurar esas conductas con garantías jurídicas. El mismo sentido tiene la limitación constitucional de competencias gubernamentales, y la preservación de los derechos inalienables -de las personas, no de los colectivos- para limitar la intromisión del legislativo y el poder judicial en las vidas privadas. Pues bien, nada de eso funciona o cuenta en los partidos políticos, donde los aparatos disfrutan de un poderío comparable al casi omnímodo de un concilio medieval: definen la doctrina y la herejía a erradicar, emiten anatemas e indulgencias y proclaman excomuniones irrevocables.Es cierto que los estatutos de los partidos garantizan muchos derechos a los militantes e imponen numerosas limitaciones a los cargos, pero la inexistencia de competencia interna en forma de oposición reconocida, y la coincidencia de las funciones de juez y parte en los mismos círculos de poder, suelen dejarlas en nada. Todos los esfuerzos se dirigen a reforzar el monolitismo y a excluir a los disidentes, prioridad que a la larga redunda en el empobrecimiento intelectual de los cargos partidarios, cooptados entre la afiliación más sumisa y más ansiosa de disfrutar la carrera política que sólo el partido -el aparato- puede darle. Por eso la disparidad pública se entiende como una muestra dramática de división, nunca de un pluralismo no deseado, y por lo mismo se procura evitar que en los congresos del partido se presenten dos o más candidaturas a los órganos de gobierno. De ocurrir, la minoría derrotada sabe que tiene los días contados. Y es ese leviatán demoledor, irrespetuoso con las minorías, cerrado a la sociedad e impermeable a la argumentación de ideas, quien está llamado a gobernar una sociedad que pretendemos abierta, pluralista y basada en la rivalidad permanente entre ideas, grupos e intereses muy diversos, legítimos o no.Sin embargo, no existen alternativas democráticas racionales al sistema de partidos políticos. Las opciones asamblearias, comunitaristas o corporativas acaban siendo ferozmente antidemocráticas. ¿Dónde está pues la solución? Quizás en que los partidos estén obligados a imitar el funcionamiento de la democracia, y no al contrario.El sistema democrático funciona mejor o peor gracias al sistema constitucional de equilibrio de poderes y contrapoderes, y sobre todo por la concurrencia de partidos rivales que compiten entre sí, obligando al otro a moderarse y a tratar de sintonizar con la ciudadanía que le vota. Sin embargo, la degeneración del funcionamiento interno de los partidos también acaba poniendo esto en peligro. El catalán se ha convertido en un caso paradigmático de esta deriva, y ya ha afectado a toda España.Como es sabido, el 90 por ciento de los diputados del Parlamento catalán, con la solitaria excepción del PP, aprobaron un proyecto de Estatut inconstitucional que la mayoría de la sociedad catalana ni reclamaba ni entendía. Las encuestas más favorables coincidían en que apenas el 55 por ciento de los catalanes apoyaban el nuevo texto, y en que menos del 35 por ciento apoyan la idea de que Cataluña sea una nación. Por tanto, las razones que han movido a los partidos catalanes -y muy especialmente el PSC- a pretender lo contrario con insólita cuasiunanimidad hay que buscarlas en la lucha de los aparatos partidarios por blindar un conjunto de competencias exclusivas que nadie ajeno al establishment pueda disputarles ni revocar en el futuro: su propia carrera política. Naturalmente, este sórdido deseo de monopolio garantizado por ley -cuya muestra más elocuente es la obscena importancia política dada a la explotación del rentable aeropuerto de Barcelona- va convenientemente envuelto en la retórica emocional del nacionalismo más rancio y decimonónico. Pero con el nuevo Estatut, Cataluña no es siquiera una romántica nación cultural, es simplemente una carrera política reservada a los aparatos partidarios.¿Podrían mejorar este panorama reformas como las listas abiertas, la tutela legal y judicial de la democracia en los partidos, considerada como asunto de interés público y no privado, o un funcionamiento de las instituciones parlamentarias menos sometidas a la disciplina del voto? Es posible, o quizá no. De cualquier manera, ya es hora de tomar conciencia de que algunos de los peores problemas políticos que padecemos -Estatut catalán y normalización vasca, por ejemplo- obedecen, en realidad, a problemas internos que los partidos exportan unilateralmente al conjunto de la sociedad.

CATORCE+DOS


A la atcn. de Juan Luis Fabo

He devuelto el recibo porque no estoy conforme con el proceso de participación
instaurado por la Coordinadora de Barcelona
( con el beneplácito de la Dirección del partido) desde hace ya bastantes meses. He esperado estoicamente cambios que no se han producido.
La gota que ha colmado el vaso de mi paciencia ha sido
el tema de los últimos expedientes incoados a 14 compañeros que lo único que
pretendían es fomentar el debate interno dentro del partido.

Consideren la recepción de éste mail como la presentación formal de mi baja
del partido.

saludos

sábado, 5 de septiembre de 2009

¿Herejes o comisarios políticos?

Hoy en EL PAIS:

"Es insufrible que un partido vaya de ser el mas demócrata y no permita la discrepancia interna."

Muchas de las personas -posiblemente la mayoría aunque no llevo la cuenta- que nos reunimos con los señores Martínez Gorriarán y Fabo, a instancia suya, en el verano de 2007 y prestamos nuestros nombres para formar el Consejo Político y fundar Unión, Progreso y Democracia (UPyD) el 29 de septiembre de ese año, ya no pertenecemos a dicho consejo ni, en bastantes casos, al partido.

El órgano más importante de ese partido se ha ido transmutando desde el día de su fundación siguiendo el viejo procedimiento empleado por "demócratas" tan acreditados como el general Franco o Fidel Castro: éste fuera; éste dentro. El asunto no resultaría llamativo si UPyD se declarase un partido totalitario, pero resulta insufrible cuando sus líderes van por el mundo impartiendo lecciones de democracia a todos los demás miembros del género humano y abogando, en un alarde de cinismo digno del mismísimo Mao, por las listas abiertas y otras lindezas por el estilo.

Cuando, como ha ocurrido tantas veces en UPyD desde su fundación, se modifica la composición de su Consejo Político sin convocar a los consejeros para debatir y votar una propuesta formal presentada a tal efecto, ni brindar a los consejeros cesados la oportunidad de manifestar su opinión ante sus compañeros, uno se ve obligado a concluir que UPyD, al margen de la retórica populista empleada por sus líderes, es una organización totalitaria en su funcionamiento interno.

Por ello, me sorprendió e inquietó la lectura de un artículo (Herejes imprescindibles, EL PAÍS, 9 de junio de 2009) en el que se nos presentaba a los líderes de UPyD como un grupo de heterodoxos que han roto con el legado heredado del franquismo, a saber, la adhesión ciega e inquebrantable a una familia política, y se han lanzado a difundir revolucionarias herejías que revuelven el estómago de los intelectuales orgánicos de cada bandería.

Mientras lo leía no sabía qué pensar: tal vez el señor Savater, hombre muy ocupado, ignora casi todo lo que ha ocurrido en UPyD desde su fundación, o quizás lo sabe y le preocupa, pero prefiere ignorarlo para no dañar las expectativas electorales de su familia política, o, tal vez considera la democracia interna un asunto menor, un barullo molesto propiciado por afiliados inconscientes.

No lo sé, pero si la adhesión ciega e inquebrantable a una familia política inhabilita a quienes militan en el Oso Gubernamental y la Mofeta Popular -apelativos dados al PSOE y PP por el señor Savater- para analizar la realidad social con ojos libres de prejuicios, ¿qué podemos decir de un partido donde se exige no ya la adhesión ciega e inquebrantable a una familia política o unos principios, sino a una líder into-cable y a los tres o cuatro miembros del politburó que ella ha tenido a bien colocar al frente de la organización? ¿Y cómo calificar a aquellos intelectuales que hacen de Don Tancredo mientras se cesa, se abren expedientes o se expulsa a consejeros, coordinadores y demás patulea de osados infantes que formulan preguntas, piden explicaciones o presentan enmiendas a las órdenes y propuestas emanadas del politburó del partido?

Herejes entre los líderes actuales de UPyD no veo ninguno: más bien recuerda su comportamiento al de los comisarios políticos, personajes de ingrato recuerdo para bastantes españoles. El asunto no tiene vuelta de hoja: no cabe considerar democrática a ninguna organización donde sus líderes no respetan la división de poderes, acatan las decisiones adoptadas por la mayoría y aceptan la presencia de minorías discrepantes. Y los líderes de UPyD han supeditado la democracia interna a la construcción de una organización al servicio de intereses superiores que, a la postre, coinciden con los de su líder, que hace y deshace a su antojo. En este "herético" partido, tres personas, la señora Díez y los señores Martínez Gorriarán y Fabo, han controlado desde sus inicios la composición de todos los órganos (Consejos de Dirección y Político, Coordinadoras Territoriales, finanzas y contabilidad, etcétera), confeccionado las listas electorales, y, como he mencionado, cesado, expedientado o expulsado a cualquier afiliado que se ha atrevido a cuestionar sus decisiones.

Ahora quieren dar cierta apariencia de normalidad democrática a UPyD y están preparando un congreso al que acudirán delegados elegidos directamente por los afiliados. ¡Qué gran logro democrático! Pero para que esta concesión no estropee su guión, el artículo 10 del reglamento congresual deja en sus manos la posibilidad de descartar a cualquier delegado cuando su elección haya sido impugnada por otro afiliado. Será el cónclave de UPyD este otoño, no tengo ninguna duda sobre ello, un congreso a la búlgara.

Resulta incongruente que los dirigentes de UPyD hayan además organizado una caza de brujas contra afiliados deseosos de participar activamente en el congreso, máxime cuando la señora Díez se paseaba por España hasta septiembre de 2007 mostrando abiertamente sus discrepancias con los dirigentes del PSE-PSOE, sin renunciar por ello a su escaño en el Parlamento Europeo conseguido con esa formación, ni a los emolumentos que le reportaba entonces y le reportará una vez alcance la edad de jubilación.

Afortunadamente para los verdaderos herejes, vivimos en una democracia constitucional y para escapar a las iras del directorio que gobierna UPyD no hace falta exiliarse allende las fronteras. En cuanto al mérito de algunos mensajes y posiciones que ha difundido UPyD, conviene recordar que son fruto del trabajo de todos los ciudadanos y organizaciones que han rechazado las limitaciones a la libertad e igualdad de oportunidades impuestas por los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco en las últimas décadas, no propiedad de la señora Díez y sus adláteres.

Tras una búsqueda concienzuda, no he encontrado una sola línea escrita por Rosa Díez en contra de la inmersión lingüística en Cataluña, ni tengo constancia de que alguien la escuchara nunca exigir la expulsión de los representantes de Herri Batasuna del Parlamento de Vitoria y de los ayuntamientos vascos, ni he encontrado indicación alguna de su oposición a la cesión de competencias a las comunidades autónomas, hasta mucho tiempo después de que el PSE rompiera su pacto de gobierno con el PNV en 1997, un pacto con el que, según todas las informaciones disponibles, la líder de UPyD se sintió siempre cómoda, ejerciendo de consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno Vasco.

Los mensajes y posiciones de los que se ha ido apropiando la señora Díez en los últimos años, limpios de sus excesos retóricos y el tufillo a centralismo rancio y caduco, pertenecen a todos aquellos que han defendido desde, al menos, 1978 la libertad, la solidaridad y la igualdad de oportunidades, la división de poderes y la regeneración democrática de la política en España.

Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona.

domingo, 30 de agosto de 2009

Dos articulos de Roberto


¿Para quién ha pasado lo peor de la crisis, señor presidente?
Un presidente de Gobierno que proclamó el fin próximo de ETA un día antes de que los terroristas hiciesen saltar por los aires parte de la T4 de Madrid debería ya saber que su fuerte no son las habilidades predictivas. Sin embargo, Zapatero ha descubierto un método infalible para manipular a la ciudadanía con sus predicciones sobre el fin de esta crisis económica que, con la ayuda inestimable de su errática política, ha puesto el país patas arriba. La cosa consiste en afirmar todos los meses que «lo peor de la crisis ha pasado» con la seguridad de que, por fuerza, tal anuncio acabará un día por hacerse realidad. Ese será el momento en que el presidente nos dirá: «¿Lo veis?: teníamos razón», sin importarle un pito que cuando ocurra lleve mucho tiempo equivocándose o, según se mire, engañando a la opinión pública española.

En su rueda de prensa de anteayer, que abre el curso político 2009-2010, Zapatero repitió lo que ya anunció antes del verano, cuando insistió en lo que ya proclamaba en primavera: que «lo peor de la crisis ha pasado». Pero dado que los datos de crecimiento económico, paro, consumo, déficit público, exportaciones e inversión han empeorado en los últimos meses o solo han mejorado de forma estacional, nada hay que permita sostener con seriedad la optimista afirmación presidencial, que no pudiendo, por pura lógica, ser la consecuencia de un error, constituye, sin más, la manifestación de un burdo engaño.

Aquí lo apuntaba yo mismo no hace mucho: aquellos supuestos «brotes verdes» de la vicepresidenta Salgado han acabado por ser en realidad brotes verdes fritos por la crisis. ¿O es que ha pasado lo peor para los cientos de miles de parados que no tienen, ni van a tener -pues el déficit público ya no lo permite- ninguna cobertura para su angustiosa situación? ¿Ha pasado lo peor para los españoles que, tras el verano, perderán sus empleos, como acaba de reconocerlo sin tapujos el ministro de Trabajo? ¿Ha pasado lo peor para los pequeños comerciantes, que se siguen viendo obligados a cerrar ante la falta de repunte del consumo?

No, ni para ellos ni para otros muchos millones de españoles ha pasado lo peor: los que hemos visto, atónitos, cómo la situación empeoraba mientras Zapatero negaba que España hubiese entrado en recesión; los que hemos seguido observando, angustiados, cómo la economía se deterioraba día a día mientras un Gobierno paralizado empezaba a afirmar que lo peor ya había pasado; y los que contemplamos hoy, ya cabreados, cómo deberemos pagar más impuestos para tapar la ineficiencia de un presidente cuyo trabajo ha consistido mucho más en evitar que la crisis le afectara electoralmente que en superar sus devastadoras consecuencias.
La Voz de Galicia, 30.08.09
En Cataluña, a galope tendido hacia la II República
Vista la locura política que se ha instalado en Cataluña en los últimos días a cuenta de la futura sentencia del Tribunal Constitucional sobre su nuevo Estatuto no creo inoportuno hacer memoria. Y ello porque los excesos del catalanismo entre 1931 y 1936 contribuyeron, y mucho, al naufragio final de la II República española.

El 6 de octubre 1934, y en el ambiente de profunda crispación derivado de la victoria de la derecha en las elecciones de 1933, Companys proclamó solemnemente el Estado catalán. Su tentativa insurreccional no acabó con la República, pero debió convencer a muchos de que no podía ser viable un régimen donde alguien de la importancia del presidente de la Generalitat llegaba a romper las reglas de juego de una forma tan grave y tan flagrante.

Cuatro meses antes, y ante una sentencia del Tribunal Constitucional de aquella época que anulaba, por inconstitucional, una norma del Parlamento catalán (la ley de contratos de cultivo), la respuesta había sido también inconcebible en un Estado de derecho: la Cámara regional aprobó una ley idéntica a la que había sido anulada previamente.

Ese inaceptable desafío recuerda de lleno al que ahora proponen muchos dirigentes catalanes si el Tribunal Constitucional se atreve a cumplir con las funciones para las que fue creado con el aplauso de la mayoría de los que, descaradamente, hoy lo chantajean: declarar la inconstitucionalidad de lo que es en el Estatuto contrario a la Constitución a todas luces. Que hayan entrado en ese juego de absoluta deslealtad constitucional Carod y compañía era de esperar, pues resulta coherente con su trayectoria e ideología antisistema. Pero que dirigentes destacados del PSC y miembros del Gobierno de la Generalitat, empezando por su presidente, se muestren dispuestos a desobedecer los mandatos del Tribunal Constitucional y exijan a Zapatero que cumpla el Estatuto al margen de lo que aquel pueda decidir -lo que equivale a jalearlo para que incumpla una sentencia del supremo intérprete de la Constitución- rompe por la base con principios democráticos que hasta ahora nadie, salvo el PNV, había discutido y entra de lleno en ese comportamiento insurreccional que caracterizó al catalanismo en el pasado.

De este modo, una reforma estatutaria que empezó de la peor manera imaginable no podía tener un final más lamentable. Jugando a aprendiz de brujo, Zapatero prometió que con el nuevo Estatuto catalán se resolvería el problema territorial durante al menos medio siglo. La pura verdad es, sin embargo, que nunca, salvo durante el bienio negro de nuestra II República, las cosas habían llegado a plantearse del modo que ahora se presentan: como una insurrección frente a la Constitución
La Voz, 28.08.09

jueves, 20 de agosto de 2009

POBRIÑO,UN INGENUO.....



calendar('13 agosto 2009')
13ago2009
La evolución necesaria Ha pasado la primera oleada. Los hechos que han venido ocurriendo en nuestro partido han salido a la luz. Los afiliados y simpatizantes ya no tenemos una sola fuente de información, como la que hasta hace poco “vendía la moto” de lo maravillosamente que se estaba haciendo todo. Ahora ya no es posible navegar por encima del bien y del mal, causando estragos entre los afiliados, pero con la etiqueta autoadjudicada de ser la solución a todos los males de nuestra sociedad. Suele decirse que el primer paso para iniciar la curación de muchas enfermedades es conocer su existencia. Ahora toda España sabe que existe una crisis en UPyD. Quienes entienden un partido político como su instrumento de promoción, personal o sectaria, pueden ver en esa publicidad una deslealtad cometida por enemigos. Quienes entendemos los partidos como cauces públicos para la vertebración política creemos que, de lo público y de lo político, públicas han de ser las cuentas. Conste también que la crisis no la ha provocado la afloración de la crítica, sino que ambas son consecuencias de la pésima y a pesar de ello prepotente gestión de la Dirección.Hace años que existe demanda social en España de un partido que sirva de cauce, que no de instrumento, a muchos ciudadanos disconformes con el bipartidismo imperfecto, los abusos nacionalistas y la escasa calidad con que se gobierna el Estado. Dicho de otra manera, echamos de menos una mezcla de libertad, progreso y honradez en la gestión de nuestra “Res Pública”. Primero vimos la esperanza de color naranja con Ciudadanos. Después se tornó magenta* con UPyD. Muchos nos ilusionamos y trabajamos por ello. Ahora está llegando el momento de ver si esta última organización va a estar a la altura de lo que se necesita.Al margen y en contra de lo que podrían entender los sectarios, entendiendo como sectario lo que dice el diccionario de la RAE en sus dos acepciones: “1. Que profesa y sigue una secta y 2. Secuaz, fanático e intransigente, de un partido o de una idea”, lo importante del partido no es que triunfe por encima de todo, sino que persiga aquella finalidad para la que se concibió y que tanto dicha finalidad como la forma de perseguirla sea legítima. Por eso, visto que su dirección puede estar torcida, es imprescindible solicitar del partido que se enderece, incluso provocarlo. Si ello no fuese posible, para muchos entre quienes me encuentro esta organización habría dejado de tener legitimidad y coherencia, y ya no sería la nuestra. En resumen, en política la lealtad verdadera lo es ante la propia conciencia y ante los ciudadanos a los que se intenta representar y servir.La conciencia crítica entre los afiliados por fin existe. Las disconformidades, que antes y aún desgraciadamente ahora se tornan muchas veces en abandonos, ya cristalizan en posiciones colectivas. Se ha pasado de la oscuridad a la luz, de tal forma que podemos saber hacia dónde vamos y decidir si se hace o no. De forma pareja a cómo el siglo de las luces terminó con el absolutismo**, o de cómo la imprenta fue clave en el éxito de las herejías de Lutero***, la información y la comunicación han venido para quedarse. Este proceso, del que hemos asistido ya al inicio, tendrá un punto de inflexión. Si el “aparato” intenta legitimar su línea, camuflando o incluso disfrazando como pueda un congreso previamente capado, UPyD estará perdido y muchos perderemos el interés y el cariño por él. Sin embargo, aún puede realizarse un verdadero Congreso Constituyente plenamente democrático. Para ello, entre otras cosas, habría que revocar el actual reglamento Congresual, dejar sin efecto los ceses, las designaciones y los expedientes arbitrarios, permitir el regreso de quienes se fueron hastiados y después de todo ello abrir un verdadero período de debate democrático, incluidas las elecciones internas, bajo el control de órganos independientes y garantistas, no de un aparato viciado y sumisamente sectario.Retomando la existencia de la demanda social antes mencionada y la gran cantidad de personas que se han involucrado en lo que primero fue el espíritu del Tivoli y luego el Manifiesto de UPyD, no procede dejar pasar el tiempo esperando un cambio que no llega por sí solo, ni tampoco malemplearlo en esfuerzos estériles. También sería una lástima dar por perdido ese tiempo y ese capital humano y político. Yo no pienso hacerlo y sugiero a quienes compartan esos ideales que tampoco lo hagan.Intentar reconducir UPyD, no de una forma ilusa sino coherente, es difícil pero necesario. Tanto si se consigue como si no, no será esfuerzo perdido. Hasta el momento, lo que está sucediendo era lo previsible con la información de que se disponía. No creo que los reaccionarios puedan decir lo mismo. Veremos lo que el futuro nos depara o, mejor dicho, trabajemos para un futuro mejor, lo que tal y como están las cosas no es pedir demasiado.(*) Recuerdo que dijo Rosa Díez, cuando la fundación de UPyD, que el magenta era un color puro y primario. En ese momento tuve el buen gusto de no contradecirla, ni pública ni privadamente. Sin embargo, los colores primarios son el rojo, el verde y el azul, que por síntesis aditiva, o sea sumando, permiten componer todos los visibles. El modelo de color se define así técnicamente como RGB, del inglés red, green, blue. El magenta es la suma del rojo y el azul y, junto con el amarillo y el cian, permite formar los demás colores por síntesis sustractiva, esto es restando de la luz blanca mediante tintes o filtros. En el caso de la imprenta suele añadirse el negro, no por necesidad teórica sino por la imperfección de los propios tintes, llamándose entonces el modelo CMYK. Supongo que el problema deriva de haber repetido lo que algún “colaborador cualificado” le diría sin realmente entenderlo. Ahora, tanto en lo organizativo como en lo jurídico, toca desenmascarar también a los colaboradores que pueden llevar este proyecto a la ruina.(**) Existía una Teoría del origen divino del poder (basada en el evangelio de San Juan Jn 19, 1 y recogida entre otros por el Papa León XIII, en su encíclica Diuturnum illud, sobre la autoridad política, junio 1881), según la cuál los gobernantes recibían la legitimidad para el ejercicio del poder directamente de Dios. Además del origen “divino directo”, para justificar la dulcificación de las monarquías supervivientes, se acuñó la teoría del origen del poder “divino indirecto”, por la que tanto el origen era el mismo (Dios) como el destinatario (el monarca o gobernante), pero en ese camino pasaba, sin detenerse claro está, por el pueblo. El régimen de Franco, por ejemplo, decía considerarlo así. Nada diferente de los actuales populismos, tanto a nivel de estados como de partidos.(***) Hay que reconocer lo acertado de Savater al traer a colación las herejías y considerarlas necesarias en política. Resultan llamativos los múltiples paralelismos, como por ejemplo entre la colocación de las 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg y la de los documentos de los “herejes” de estanoeslawebdeupyd. También las excomuniones (que no son otra cosa que expulsiones del seno de la Iglesia), los inquisidores (cabe recordar aquí la existencia de un personaje de escasa talla política pero así apodado por su conducta desde tiempo atrás), etc. Esperemos que no lleguen las hogueras y el cisma.
Javier Carroquino OñateAragón - Zaragoza

miércoles, 19 de agosto de 2009

¿CAIXA DE GALICIA?


LUIS VENTOSO,LA VOZ DE GALICIA 19 Agosto 2009

Las caixas gallegas tienen un índice de morosidad más sano que la media española. No es el único indicativo de su buen tono. De las 45 cajas que hay en España, Caixa Galicia es la sexta en el ránking de activos, con 45.412 millones de euros; y Caixanova, la duodécima, con 25.333 millones. Los técnicos consideran que una caja anda apurada cuando su índice de solvencia es del 4%. Nada de eso ocurre aquí, pues el de Caixa Galicia es del 7,9% y el de Caixanova del 7,01%.
Con todo, la revolución en marcha en el puzzle financiero podría obligar a juegos de alianzas o fusiones. Pero de ello no se puede inferir que las caixas gallegas necesiten una intervención urgente diseñada en la moqueta partidista. Una vez que parece pinchado el globo sonda que lanzó Caja Madrid sobre Galicia, no parece tener mucho sentido que Feijoo, a la vuelta de su veraneo, pretenda bajar de su retiro con las nuevas tablas de la ley para las caixas. Las soluciones, si se necesitan, tendrán que ser técnicas, no pueden quedar al albur de los intereses políticos, a veces sorprendentemente volubles. Recordemos, por ejemplo, que el pasado 15 de julio Rajoy vertía a las claras sus recetas sobre la fusión de las cajas y, en cambio, el 11 de agosto ya opinaba que los políticos no deben intervenir ahí: «Las cajas deben velar por sus intereses y por los de sus propios depositarios. Es un tema en el que cuanto menos intervenga la política mejor», zanjó hace unos días en Pontevedra. Su frase contrasta con el anuncio de su correligionario, el presidente de la Xunta, de que en octubre decidirá el futuro de las entidades gallegas. Esa incursión de la cuchara partidista en la marmita financiera puede desconcertar e irritar a los dos millones de depositarios de Caixa Galicia y los 1,2 millones de Caixanova, que son a la postre los auténticos y únicos dueños de esas entidades. Las fusiones y alianzas, si tocan, tienen que atender a criterios económicos puros, han de tener en cuenta la realidad actual de las dos entidades y no pueden concluir en un ninguneo -otro más- de las ciudades de A Coruña y Vigo.

jueves, 13 de agosto de 2009

3 DE DICIEMBRE DE 2006

A los españoles nos destrozaron la vida reyes, aristócratas, curas y generales. Bajo su dominio discurrimos dando bandazos, de miseria en miseria y de navajazo en navajazo, a causa de la incultura y la brutalidad que impusieron unos y otros. Para ellos sólo fuimos carne de cañón, rebaño listo para el matadero o el paredón según las necesidades de cada momento. Situación a la que en absoluto fuimos ajenos, pues aquí nunca hubo inocentes. Nuestros reyes, nuestros curas y nuestros generales eran de la misma madre que nos parió. Españoles, a fin de cuentas, con corona, sotana o espada. Y todos, incluso los peores, murieron en la cama. Cada pueblo merece la historia y los gobernantes que tiene. Ciertas cosas no han cambiado. Pasó el tiempo en que los reyes nos esquilmaban, los curas regían la vida familiar y social, y los generales nos hacían marcar el paso. Ahora vivimos en democracia. Pero sigue siendo el nuestro un esperpento fiel a las tradiciones. Contaminada de nosotros mismos, la democracia española es incompleta y sectaria. Ignora el respeto por el adversario; y la incultura, la ruindad insolidaria, la demagogia y la estupidez envenenan cuanto de noble hay en la vieja palabra. Seguimos siendo tan fieles a lo que somos, que a falta de reyes que nos desgobiernen, de curas que nos quemen o rijan nuestra vida, de generales que prohíban libros y nos fusilen al amanecer, hemos sabido dotarnos de una nueva casta que, acomodándola al tiempo en que vivimos, mantiene viva la vieja costumbre de chuparnos la sangre. Nos muerden los mismos perros infames, aunque con distintos nombres y collares. Si antes eran otros quienes fabricaban a su medida una España donde medrar y gobernar, hoy es la clase política la que ha ido organizándose el cortijo, transformándolo a su imagen y semejanza, según sus necesidades, sus ambiciones, sus bellacos pasteleos. Ésa es la nueva aristocracia española, encantada, además, de haberse conocido. No hay más que verlos con sus corbatas fosforito y su sonriente desvergüenza a mano derecha, con su inane gravedad de tontos solemnes a mano izquierda, con su ruin y bajuno descaro los nacionalistas, con su alelado vaivén mercenario los demás, siempre a ver cómo ponen la mano y lo que cae. Sin rubor y sin tasa. En España, la de político debe de ser una de las escasas profesiones para la que no hace falta tener el bachillerato. Se pone de manifiesto en el continuo rizar el rizo, legislatura tras legislatura, de la mala educación, la ausencia de maneras y el desconocimiento de los principios elementales de la gramática, la sintaxis, los ciudadanos y ciudadanas, el lenguaje sexista o no sexista, la memoria histórica, la economía, el derecho, la ciencia, la diplomacia. Y encima de cantamañas, chulos. Osan pedir cuentas a la Justicia, a la Real Academia Española o a la de la Historia, a cualquier institución sabia, respetable y necesaria, por no plegarse a sus oportunismos, enjuagues y demagogias. Vivimos en pleno disparate. Cualquier paleto mierdecilla, cualquier leguleyo marrullero, son capaces de llevárselo todo por delante por un voto o una legislatura. Saben que nadie pide cuentas. Se atreven a todo porque todo lo ignoran, y porque le han cogido el tranquillo a la impunidad en este país miserable, cobarde, que nada exige a sus políticos pues nada se exige a sí mismo. Nos han tomado perfectas las medidas, porque la incultura, la cobardía y la estupidez no están reñidas con la astucia. Hay imbéciles analfabetos con disposición natural a medrar y a sobrevivir, para quienes esta torpe y acomplejada España es el paraíso. Y así, tras la añada de políticos admirables que tanta esperanza nos dieron, ha tomado el relevo esta generación de trileros profesionales que no vivieron el franquismo, la clandestinidad ni la Transición, mediocres funcionarios de partido que tampoco han trabajado en su vida, ni tienen intención de hacerlo. Gente sin el menor vínculo con el mundo real que hay más allá de las siglas que los cobijan, autistas profesionales que sólo frecuentan a compadres y cómplices, nutriéndose de ellos y entre ellos. Salvo algunas escasas y dignísimas excepciones, la democracia española está infestada de una gentuza que en otros países o circunstancias jamás habría puesto sus sucias manos en el manejo de presupuestos o en la redacción de un estatuto. Pero ahí están ellos: oportunistas aupados por el negocio del pelotazo autonómico, poceros de la política. Los nuevos amos de España.

Arturo Pérez Reverte. Periodista, escritor y guionista


miércoles, 5 de agosto de 2009

¿Monolingüismo?

Como siempre, totalmente de acuerdo con el articulo de Roberto Blanco valdes, como nos es habitual todas las semanas, con sus apreciaciones que publica en LaVoz de Galicia.
Estrategia nacionalista esta, que se analiza en la situación gallega, que como no puede ser de otro modo viene totalmente mimetizada de Cataluña y Pais Vasco, que nos preceden, y fuente de inspiración permanente del BNG.

Hablemos claro: ¿quién defiende aquí el monolingüismo?

Todo nuestro agrio debate lingüístico descansa sobre una falsedad monumental que los nacionalistas y sus varios asociados han conseguido colar como una evidencia indiscutible: que en Galicia se enfrentan dos grupos sociales y políticos -los defensores del castellano y los defensores del gallego- con similares pretensiones.


Según ese esquema maniqueo, las posiciones de los partidarios de la llamada normalización lingüística correrían paralelas a las de sus detractores. Ambos perseguirían en realidad fines idénticos, aunque de sentido opuesto: en el primer caso, la desaparición del castellano de Galicia (lo que es cierto); en el segundo, el extermino del gallego (lo que resulta manifiestamente contrario a la verdad).


Los impulsores de la normalización parten, como sabe todo el mundo y ellos no intentan disimular, de que en Galicia existe un idioma del país (el gallego) y otro extraño o extranjero (el castellano) que ha sido impuesto en detrimento del primero. Normalizar es, pues, revertir tal realidad, en todos los ámbitos posibles, de modo que el castellano vaya esfumándose de Galicia de un modo progresivo (y, a poder ser, acelerado) en beneficio del gallego.


Esa es la razón por la cual, una vez expulsado el castellano de nuestras esferas oficiales (de las instituciones autonómicas, universidades, ayuntamientos, diputaciones y RTVG), el objetivo es excluirlo también de la sociedad: las campañas públicas en favor de «vivir en galego», los intentos de asentar la inmersión en la enseñanza, la política en materia de topónimos o los llamamientos a galleguizar nombres y apellidos encuentran en ese contexto su verdadera coherencia.


¿Es similar el objetivo de los contrarios a la normalización? ¿Persiguen esos sectores acabar con el gallego? ¿Pretenden eliminarlo de la enseñanza o de nuestra vida social o institucional? ¿Defienden que el castellano debería ser la única lengua de Galicia? En absoluto.
Todo el mundo conoce la respuesta a esas preguntas, aunque algunos las manipulen para justificar su sectarismo lingüístico con un supuesto sectarismo de signo contrario que, en realidad, está muy lejos de existir. Y es que frente a los que llevan décadas defendiendo una Galicia monolingüe, que viva en gallego únicamente, somos mayoría los que creemos que la que existe en realidad -la Galicia bilingüe, en la que conviven armónicamente gallego y castellano- está orgullosa y feliz de hablar sus lenguas, pues las dos las considera como propias.


A la postre, la diferencia entre unos y otros puede resumirse fácilmente: los partidarios de la llamada normalización creen que el bilingüismo gallego es una patología; sus detractores estamos convencidos, por el contrario, de que es una riqueza.


sábado, 1 de agosto de 2009

Suma y ... sigue?



Con motivo de estos días de tristeza, agregamos dos artículos, uno de Carlos Herrera en ABC y otro de Roberto Blanco Valdes en La Voz de Galicia.
No cabe la menor duda que les sentó fatal de digerir la prohibición de presentarse a las autonómicas vascas, el pacto allí conseguido de momento..., y quieren volver a sentar al gobierno de nuevo en la mesa de negociación por narices.
Esperemos que no entre al trapo Rodriguez Z., con todo el jardín económico que le desestabiliza y augura un futuro mas que incierto, y probablemente un adelanto electoral, pero como querrá volver tener en él, una vez mas, los apoyos de todo quisque, incluidos los proetarras, cae en la tentación seguro...




CARLOS HERRERA

LA tarta de cumpleaños ha podido ser decorada con dos velas negras. Hubieran querido más, muchas más, pero la fortuna no les acompañó en su golpe fundamental: si se hubiera derribado la casa de Burgos, hoy serían tantas velas como años hace que el nacionalismo vasco vivió una escisión en su seno de la que nació el terrorismo de ETA, pero la mala puntería o la fortuna ajena hicieron imposible el sueño con el que hubieran hecho felices al montón de psicópatas que forma su estructura. Tal y como recordaba ayer en Tercera el profesor Rogelio Alonso, los miembros de la ETA argumentan algo semejante a lo que el IRA afirmó con motivo del intento de asesinato de Thatcher en 1984: «nosotros sólo hemos de tener suerte una vez, ellos siempre». En Calviá se produjo el golpe de fortuna y aún creo escuchar los vítores en algunas celdas de prisiones, aún oigo descorchar botellas de espumosos en las cavernas tabernarias, ya me imagino la cara de satisfacción de decenas de concejales de poblaciones norteñas, ya veo la boca salivada de jóvenes revolucionarios con pendiente y sudadera. Ya les veo celebrar el medio siglo con un festín de cadáveres alrededor de los cuales danzan con el cuerpo lleno de sangre. ¿Y, mientras tanto, nosotros qué? ¿Otra vez al llanto? ¿Otra vez a recogernos en casa compungidos y en silencio como viene siendo todos estos cincuenta años?

¿Quién tiene que tener miedo? ¿Los que somos más y mejores? El pueblo español ha mostrado sobradamente su capacidad de paciencia, pero también de temor; algunos sectores magramente poblados han mostrado, a su vez, no poca miseria y cobardía cuando dedicaron unos cuantos de estos cinco decenios a mirar hacia otro lado; otros utilizaron lenguaje melífluo, gomoso, pretendidamente confuso para justificar ideológicamente al asesino «aunque no se compartan las formas» -como si esto fuera un concurso de buena educación-; finalmente, unos cuantos apoyaron, desde el nacionalismo vasco y algún que otro reducto reaccionario de la península ibérica, la llamada lucha armada. En el frente de aquellos que han mantenido el mismo discurso durante este tiempo, con Franco vivo o con Franco muerto, de aquellos que han dado la cara contra esta colección de salvajes permanentemente alimentados por el discurso nacionalista, de aquellos que han escrito y firmado palabras claras, que no se han escabullido, que no han escurrido el bulto, que han estado en los funerales, que han colaborado con las víctimas, que han acusado al que puso la bomba y no al que la debía retirar, por lo visto, con mucha celeridad, que se han jugado el tipo ante los amigos de los asesinos, que no han querido capitular ante ningún tipo de chantajes, que no han admitido que un Estado democrático tenga que ceder en negociación alguna con un colectivo de criminales, que han tenido que aguantar que tantísimo estúpido español le llamara «facha» por sostener principios sólidos, que no han sucumbido, en suma, ante el relativismo perverso de nuestro tiempo, en ese frente, digo, no había tantos. Otro gallo hubiera cantado si desde los inicios de esta cincuentena siniestra se hubiese apostado de forma inequívoca por una lucha a todos los niveles. Con Franco y sin Franco, que ahora es muy fácil escudarse en que contra el dictador todo valía, o que había que entender algunas posturas. Pues no, no todo valía y no había que entenderlo todo, como por ejemplo la ETA.

Yo hoy también voy a brindar por estos cincuenta años. Sin velas negras. Con las velas blancas de los íntegros que no se han escondido en el armario de casa. Y voy a brindar por los que han arriesgado la vida o algún tipo de seguridad por mantener una postura digna e inequívoca. Por tantos valientes españoles que, desgraciadamente, no han sido mayoría. Vivan ellos, y con ellos que viva España.

http://www.carlosherrera.com/

Ante la barbarie solo cabe una respuesta: NO

Roberto Blanco Valdes


Decía Churchill que la democracia consiste en algo muy sencillo: «Que, cuando alguien llame de madrugada a la puerta de tu casa, sepas que es el lechero». Desde hace cincuenta años, docenas de miles de personas -sobre todo militares, guardias civiles, policías y políticos no nacionalistas- carecen en España de tal seguridad. Así lo comprobaron estremecidos, hace apenas unas horas, los vecinos de la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos, a quienes, no el lechero, sino los carniceros despertaron con el estruendo de más de 200 kilos de explosivos. La bomba, que ETA colocó en un lugar donde familias enteras dormían tan tranquilas, podía haber provocado una masacre, aunque sus efectos no fueron para quitarles importancia: 65 heridos y gravísimos destrozos materiales. Cuando no se habían apagado aún los ecos de los gritos de horror que ese atentado provocó, otro les costaba la vida a dos guardias civiles en Mallorca. Para quien pudiera tener alguna duda, los terroristas dejaban bien claro que no perseguían otra cosa que matar.

Ni una ni otra salvajada añaden nada nuevo, en todo caso, a lo que todos sabemos ya de ETA: que, al igual que los nazis, los etarras animalizan a sus víctimas -txakurras (perros) llaman los terroristas a los miembros de las fuerzas policiales- y tienen por la integridad física o la vida de sus «objetivos militares» la misma piedad que la que un ser brutal tendría por un animal que no pudiera defenderse. Pero ambos atentados, y más uno tras otro, ponen de relieve que ETA ha subido, de golpe, su apuesta en busca del auténtico «objetivo político» de todas sus acciones criminales: intentar forzar al Gobierno a que se siente de nuevo a negociar.

La lógica de los etarras es perversa, pero coherente con su paranoia terrorista: solo lograremos asustar al Gobierno ?-es decir, solo lograremos convencerlo de que debe negociar para poner fin a este conflicto-, aumentado la presión por medio de la frecuencia y la dureza de nuestros atentados.

Que esa lógica salvaje puede ser eficaz viene demostrado por el hecho de que muchos pretendidos especialistas en cuestiones antiterroristas llegaron a afirmar durante la última supuesta tregua que nunca podría acabarse con ETA sin negociar con ella.

Como aquella parecía ser una posición de principio y como cabe que los mismos que en su día aconsejaron mantener hasta el final la mascarada de la última tregua de ETA sigan aún influyendo en Zapatero, debería el Gobierno dejar claro después de cada atentado lo único que podría, antes o después, convencer a los etarras de que sus crímenes solo sirven para causar dolor y lágrimas: que, bajo ninguna circunstancia, se sentará a negociar con ellos el final del terrorismo.

http://www.lavozdegalicia.es/opinion/2009/07/31/0003_7879929.htm

miércoles, 29 de julio de 2009

UNO DE LOS GRANDES VALORES DEL CONGRESO FUNDACIONAL

Nº 844 - 20/7/2009
Gerardo Hernández Les, portavoz de los 14 militantes de UPyD expedientados
"UPyD HA DESCANSADO DE FORMA EXCESIVA EN ROSA DÍEZ"
Unión, Progreso y Democracia (UPyD) no alcanza los dos años de vida y ya atraviesa una crisis. En junio, 14 militantes —siete de ellos son fundadores del partido— pusieron en marcha www.estanoeslawebdeupyd.blogspot.com, donde critican la gestión interna de la formación. El Consejo de Dirección les respondió abriéndoles un expediente. Gerardo Hernández Les se ha convertido en su portavoz. En esta entrevista dice no querer que se rompa el partido ni abandonarlo. Como curiosidad, Hernández ocupó dos cargos públicos con gobiernos del PSOE: director de Sanidad en el Principado de Asturias y director de Servicios Sociales en la Comunidad de Madrid. Por otra parte, Mikel Buesa y una treintena de militanteshan abandonado en los últimos días este barco político.
Por Luis Marchal
Por qué decidieron poner en marcha estanoeslawebdeupyd?—Tiene que ver con el Consejo Político del partido que se cerró el pasado 28 de marzo. En él, el Consejo de Dirección presentó un reglamento para el I Congreso, que se celebrará en noviembre. A algunos nos parecía que este reglamento vulnera los principios fundamentales de la fundación de UPyD. Apoyamos una enmienda a la totalidad que presentó el entonces coordinador territorial de Aragón, Javier Carroquino. La mayoría votó en contra. El espíritu de la enmienda recibió un ataque frontal y directo por parte de Carlos Martín Gorriarán y de Rosa Díez. Como las opiniones de los consejeros políticos que defendíamos esa enmienda al reglamento no podían ser expresadas en la web oficial del partido, decidimos crear una página propia.
—Usted es uno de los 14 miembros expedientados por promoverla.—El responsable de organización, Juan Luis Fabio, nos mandó primero una carta comunicándonos que se nos daba 48 horas para cerrarla web. Nos negamos, porque estábamos utilizando lícitamente el derecho a la libertad de expresión que recoge el artículo 20.1.a de la Constitución Española. Además, los puntos 7 y 8 del artículo 6 de los Estatutos de UPyD, sobre los derechos de los afiliados, hablan del derecho a divulgar públicamente sus opiniones y a expresarlas también en el interior del partido, aunque sean discrepantes con la dirección.—Entonces, ¿no existe causa justa para actuar contra ustedes?—Creemos que no. Los motivos que se nos da en el expediente para sancionarnos, como paso previo a la expulsión del partido, son: que estanoeslawebdeupyd se aleja de las páginas oficiales de UPyD y que su apertura es un intento de crear una estructura paralela. A los dos días del citado Consejo Político, Martín Gorriarán publicó en ella un artículo sobrelas falacias que se encerraban en la enmienda a la totalidad, sin haber dado a conocer esa enmienda a los afiliados. Después, yo escribí otro texto sobre el debate del día 28 para responderle. Ese artículo no fue divulgado.
—¿El expediente tiene un motivo político?—Los que tomamos la iniciativa de hacer estanoeslawebdeupyd representamos una línea distinta a la oficial del partido. Asimismo, se nos expedientó para que no pudiéramos estar presentes en el Congreso, por estar suspendidos de militancia, ya que teníamos intención de presentar una candidatura alternativa para expresar nuestra opinión sobre lo que deben ser las estructuras orgánicas del partido. Estamos encargando un estudio jurídico sobre nuestro expediente. Parece ser que, desde el punto de vista jurídico, no hay por dónde cogerlo.
—¿Irán a los tribunales si hace falta?—Estamos estudiando la posibilidad de hacerlo, si el dictamen jurídico así nos lo indica finalmente.
—¿Qué porcentaje del partido representan los críticos a la línea oficial?—Lo único que conocemos es que nuestra web ha tenido más de 65.000 entradas en menos de un mes. Nosotros no somos un grupo organizado. Ni mucho menos un grupo para romper el partido. Creemos que UPyD ha abierto una esperanza muy importante en el panorama político español y que puede ser una tercera vía, dentro de un bipartidismo bastante imperfecto.
—La dirección de UPyD les ha invitado a "fundar otro partido".—Nosotros ya somos fundadores de este partido.
—¿Este partido es tan de ustedes como de Díez?—No es la marca registrada de nadie en particular. Tenemos una identificación total con el manifiesto fundacional de UPyD, con su ideología y con su programa de acción política.
—¿Adónde debe "reconducirse" el proyecto de UPyD?—Desde el punto de vista político, tiene una línea muy clara y exitosa, puesto que ha cosechado buenos resultados en cada una de las elecciones en las que se ha presentado. El mensaje que lanza es correcto.
—Un mensaje que llega a la sociedad a través de Díez.—Díez ha hecho un trabajo magnifico. No discutimos su liderazgo, no tendríamos la importancia que tenemos como partido sin ella. Pero este partido no obtendría los resultados que tiene si detrás no hubiera una base de militantes. Sin su trabajo, Díez no estaría en el Parlamento.
—Iban a presentar una alternativa en el Congreso, a pesar de no discutir el liderazgo de Díez.—Lo íbamos a hacer para debatir en el Congreso sobre el problema de las listas cerradas. Pedimos separar la elección del portavoz de la elección del Consejo de Dirección. El reglamento lo impide. Nosotros hemos mantenido una lealtad y una fidelidad absolutas a Díez. No obstante, éstas no se pueden confundir con la obediencia ciega.
—Con todo esto que cuenta, ¿el partido no está roto?—Lo que nos separa es el modelo organizativo de partido. Cuando lo creamos, pactamos que el objetivo era regenerar la democracia en España. Entre las medidas considerábamos que una de las más importantes era regenerar los propios partidos políticos. Es cierto que en la fundación confiamos políticamente en Díez y en que ella pudiera elegir alConsejo de Dirección a su criterio. Eso sí, hasta el 1 Congreso. Esa confianza tenía fecha de caducidad.
—¿Díez ha abusado de esa confianza?—Se ha producido evidentemente un exceso por parte de la dirección del partido a la hora de tomar determinadas decisiones, sin contar con la participación de los afiliados.
—Desde el exterior, parece realmente que el partido sí se está rompiendo.—El partido está pasando por una crisis. Están dimitidos o cesados algunos coordinadores territoriales, provinciales y algunos portavoces de diversas territoriales. Esto no quiere decir que esté roto.
—Actualmente, ¿hay unanimidad en el Consejo de Dirección?—Yo ya no estoy en el Consejo de Dirección, por lo que no sé lo que ocurre en él. Las personas que han sido discrepantes dentro, han terminando abandonándolo.
—¿Qué significa para el partido la salida de Buesa?—Su caso no es como el nuestro. Él se va por una cuestión personal. Nos gustaría que los problemas se resolvieran por una vía de democracia plena. Cuando Díez dice que las normas están para cumplirlas, tiene razón. Sin embargo, hay que añadir que éstas emanan de dos órganos, el Consejo de Dirección y el Consejo Político, que no son todavía democráticos. Nuestro Consejo de Dirección actual no tiene control político por parte de ningún otro órgano y, según el reglamento que surgió del Consejo Político, seguiremos en esa situación.
—Una treintena de críticos también abandonaron el partido la semana pasada; entre ellos se encuentran ocho miembros del Consejo Político.—Son del grupo de Buesa. Nosotros no queremos que los militantes se marchen.—La formación ha incorporado una "cláusula de discrepancia" tras la salida de Buesa.
—Es curioso que se introduzca después de que nos suspendan de militancia por discrepar. Lo han hecho para mostrar que el partido es muy democrático. Realmente ya existía en el artículo 6 de los Estatutos.—Entonces, ¿está de acuerdo con Buesa cuando critica que el funcionamiento del partido es "autoritario y personalista"?—El partido ha descansado de forma excesiva en la figura personal de Díez.
—¿Díez está sufriendo en sus propias carnes lo que ella hizo al PSOE?—Nosotros estamos sufriendo más en nuestras propias carnes que lo que ella sufrió en las suyas. Ella fue ninguneada dentro del PSOE, pero no fue expedientada.
—¿Qué opinión le merece las declaraciones al respecto de Fernando Savater y Albert Boadella, padres en cierto modo de UPyD? [Savater ha rechazado la existencia de falta de democracia interna en UPyD, mientras que Boadella ha manifestado que hay miembros del partido que intentan desmontarlo].—Para dar una opinión justa y objetiva sobre esas declaraciones tendría que saber si Savater y Boadella conocen de verdad el debate que tenemos en el partido. Los dos han estado siempre fuera de nuestro funcionamiento interno. Sólo han participado en actos externos. Savater es miembro del Consejo Político, aunque sólo asistió al Consejo fundacional. Creo que ni saben ni quieren saber lo que pasa en el partido. Respecto a las declaraciones de Boadella, son un exceso de descalificación hacia las personas que nos estamos mostrando como críticos. •