
Más de 15.000 personas salen a la calle en Palma ante la imposición del catalán
Baleares sale a la calle en defensa del castellano
La «obligación» del Gobierno de las islas
Grupo de amigos ciudadanos ilusos..."marxistas" ("Grouchistas")
Intérpretes entre españoles
Los partidos nacionalistas han propuesto que el catalán, el valenciano, el gallego y el vasco sean idiomas oficiales en todas las instancias administrativas españolas y que sus hablantes sean atendidos en esos idiomas en cualquier parte del país.
Debe aplaudirse esta iniciativa que apoya entusiásticamente el PSOE, y lamentarse con dolor el rechazo de UPyD y PP, que parece que no quieren acabar con el paro.
Porque si sale adelante esta propuesta, enseguida se logrará una conquista histórica, porque todo avance autonómico, cultural o étnico, crea nuevas necesidades: nunca más habrá un solo catalán, valenciano, balear, gallego o vasco desempleado. Todos gozarán de trabajo funcionarial, de corbata y traje, nada de mancharse con oficios manuales.
Es una idea justa y equilibrada. Por ejemplo, supongamos que hay 15.000 parejas de la Guardia Civil de carreteras. Cada pareja tendrá tres intérpretes --catalán y valenciano son parecidos--, porque uno de cada cinco conductores será de cualquiera de las comunidades con lengua autóctona reconocida, y si los multan podrán exigir ser sancionados en ese idioma.
Ya tenemos así 45.000 catalanes, baleáricos y valencianos, gallegos y vascos empleados fijos. Calculemos además 1.666 intérpretes liberados sindicales por idioma: saldrán 50.000 intérpretes simultáneos.
Vayamos a los juzgados, a las oficinas del paro, de Correos o a los ayuntamientos, diputaciones, hospitales, institutos, universidades, siempre multiplicando por tres.
Como en España hay tres millones de funcionarios, necesitaremos nueve millones de intérpretes, dos veces el número actual de parados. Acabaremos con el paro y crearemos 4,5 millones de nuevos puestos de trabajo.
Quizás 5,5 millones si contamos a los liberados sindicales, tan necesarios para representar a sus compañeros, que quizás necesiten a su vez intérpretes entre sus lenguas, por ejemplo catalán con gallego, catalán con vasco, gallego con catalán, gallego con vasco y viceversa, porque debemos exigir equilibrio de orígenes, aparte del de género.
Hasta deberán importarse inmigrantes como intérpretes. Los gallegos disponen del mercado lusófono. Mediterráneos y vascos tendrán dificultades, pero ganarán más porque entrenarán inmigrantes pluriempleándose.
En cualquier caso, toda dificultad se superará con ímpetu patriótico, con la voluntad de contribuir al Cambio de Modelo Económico, el Gran Salto Adelante que ha emprendido Rodríguez Z.
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Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
La líder de UPyD, Rosa Díez a Zapatero,Presidente del Gobierno por “confianza”de la mayoría de los españoles, no lo olvidemos
"Si no es capaz de gobernar, déjenos a los españoles decidir quién nos gobierna", le ha espetado Rosa Díez a Zapatero en su intervención en el debate sobre el estado de la nación, (pues casi se podría aplicar a su partido la misma frase, si el que organiza es incapaz de hacerlo como se desprende de la multitud de problemas que hay en las distintas territoriales, déjennos a los afiliados decidir quien nos gobierna.¿por qué lo que es válido para España no ha de serlo para nuestro grupo?)
Rosa Díez ha calificado de "nefasta" la política del Gobierno, ha insistido en la necesidad de que los padres puedan elegir la lengua en la que quieren educar a sus hijos y ha reivindicado un Pacto por
(sigo teniendo argumentos
parecidos e igualmente válidos. De nefasta, efectivamente, calificaría una gestión que ha generado demasiados expedientes y huida de afiliados y a los afiliados como a los padres también nos gustaría poder elegir ,en este caso a nuestros representantes, aspiración igual de legítima y democrática, por cierto. De acuerdo también en la necesidad de un Pacto ,en este caso por el buen funcionamiento de un partido que nació para defender el bien superior de
¿Realmente se cree a pié juntillas, de verdad va en serio, toda esta ácida critica a nuestro "insigne y flamante" presidente ZP..., desde un puesto directivo actual de UPyD, con todo lo que esta "lloviendo" internamente...?. ¡¡¡Vaya, vaya..., ALUCINANTE...!!!!
Carlos Martínez Gorriarán 13-5-09
La actuación de ayer de José Luis Rodríguez Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación suministró una buena demostración práctica de las consecuencias de la selección negativa en el seno de los partidos tradicionales. Al presidente del Gobierno se le vio completamente perdido en los momentos en que no estaba ejerciendo su único talento político: la caricaturización, en clave despectiva o agresiva, del adversario a batir. Pero en cuanto tiene que hablar de política económica, medidas contra el desempleo o reformas fiscales, Zapatero se pierde tan fácilmente como Hansel y Gretel en el bosque de la bruja mala. Cualquier indicador o concepto que no sea puramente demoscópico –es decir, que perfile un estado dado de opinión pública- o de moda –como “sostenible”- es chino para él. Por eso divaga y se extravía cuando tiene que argumentar sobre lo que precisamente es su mayor responsabilidad: qué medidas concretas piensa poner en marcha su gobierno para paliar primero y resolver luego la crisis brutal del modelo económico heredado de la era González-Solchaga y Rato-Aznar. Zapatero sólo recupera su esplendor cuando se trata de maltratar al adversario, pero incluso en esto sobreactuó ayer. Una cosa es reprochar a la oposición que no sea comprensiva con el gobierno y eche una manita por el interés general, y otra muy distinta culparla directamente de la responsabilidad política y económica de la crisis. Y eso es lo que hizo Zapatero con Rajoy, a quien por eso mismo se lo puso muy fácil.
Pero dejemos a otros el relato y el análisis del debate y reparemos más bien en lo más alarmante del mismo: que ese sujeto indocumentado e incapaz que hablaba desafiante desde la tribuna del Congreso era ni más ni menos que el Presidente del Gobierno de un Estado con 45 millones de habitantes considerado la décima o undécima economía del mundo, aunque su principal dirigente tenga enormes dificultades para comprender el sentido de cualquier enunciado económico y convierta cualquier explicación improvisada por él mismo en una divagación inconexa de tópicos, eslóganes y equívocos. La pregunta es cómo es posible que haya conseguido llegar hasta allí.
La respuesta inmediata es que esto es la consecuencia del voto de los ciudadanos, pero debe considerarse desde otra perspectiva condensada en otra pregunta: cómo es posible que un partido tan grande como el PSOE presentara semejante candidato a la presidencia del gobierno.
La elevación del mindundi intelectual a la más alta instancia del Estado (a excepción de la Corona) surge de las reglas reguladoras de la selección y elevación de dirigentes en los partidos políticos grandes y tradicionales (antes de seguir, no tengo manera de asegurar que esto no vaya a pasar nunca en UPyD si se hace grande y tradicionalista, salvo prometer que algunos haremos todo lo posible para que no ocurra o, si ocurre, sea dentro de muchos años). Tales reglas reguladoras pueden denominarse “proceso de selección negativa”. Este proceso convierte la supuesta selección de los considerados mejores desde el punto de vista de la sociedad –los más preparados, o dotados de un espíritu más rico e independiente, o de más experiencia, etc.-, en la de los más adaptados a la supervivencia en las luchas internas del partido, que con frecuencia son los más sumisos, taimados o carentes de escrúpulos.
Pues bien, Zapatero es un resultado paradigmático de la selección negativa: es evidente que en el PSOE había aspirantes al puesto mucho mejor dotados que él en términos intelectuales o políticos, pero tampoco que nadie se mostró superior para salir ganador de un congreso que cerraba una serie de traumáticas derrotas, divisiones y fiascos. A diferencia de José Bono o Rosa Díez, nadie conocía las ideas, de tenerlas, del eterno diputado por León, lo que le convertía en “pizarra en blanco” o tabla rasa en la que cualquier grupo socialista podría poner sus propios objetivos. Unido a su buena imagen de renovación, esa supuesta maleabilidad le valió el apoyo de buena parte del aparato y de muchos delegados socialistas angustiados por la pérdida de rumbo y poderío del partido (del que muchos dependían para vivir). En otras palabras: a la hora de elegir al dirigente, su adaptación a las necesidades internas del partido cobró mucha más importancia que su dimensión pública, aunque cualquier Secretario General del PSOE podría llegar a ser Presidente del Gobierno. Y como avisa el infalible principio de Peter, una vez elevado a la Secretaría General su ascenso sería imparable hasta que llegara a su nivel de incompetencia: la crisis económica, como antes la negociación con ETA, han aportado la ocasión de que la luzca a fondo. Digan lo que digan los despistados, gobernar un partido no tiene nada que ver con gobernar un Estado.
El sistema es muy viejo, tanto como la sociedad humana. Baltasar Gracián ya lo razonaba en sus consejos al hombre poderoso prudente: nunca te rodees o apoyes en gente mejor que tú; aleja a los que puedan hacerte sombra, y trae junto a ti a los que te deban el puesto de por vida o no puedan medrar sin tu protección (o desees vigilar de cerca, por si acaso). ¿Y no ésta la máxima práctica que guía cada decisión de Zapatero? Lo tremendo es que, desde que la selección negativa en el seno del PSOE le elevó de diputado culiparlante a Presidente culiconceptual, sus decisiones nos afectan a todos, no sólo a los suyos. Y eso que todavía no concibe que él preside y gobierna para todos los ciudadanos, no sólo para sus correligionarios.